Ahogarse en un mar de datos es una exposición de arte, un programa de performances y una publicación que analiza el actual estado generalizado de ansiedad y desorientación provocada por el desarrollo de las tecnologías digitales. Este desarrollo ha desencadenado la aceleración constante de los flujos de información, alterando los anteriores regímenes de visibilidad y control, y reformulando la interpretación de la realidad. Sin proporcionar un sustituto sólido para los relatos que organizaba la sociedad en el pasado, en este nuevo modelo la verdad ha quedado mitigada y la ficción compite con la realidad.

Comisariada por João Laia, en la exposición que se podrá ver del 1 de febrero al 19 de mayo se exhiben obras de los artistas internacionales Korakrit Arunanondchai, Pedro Barateiro, Emma Charles, June Crespo, GIRLISONFIRE (Monika Janulevičiūtė y Antanas Lučiūnas), Evan Ifekoya, Tomasz Kowalski, Nicolás Lamas, Pakui Hardware, Joanna Piotrowska, M Reme Silvestre, Sofía Reyes, James Richards & Leslie Thornton y Clemens von Wedemeyer. El recorrido por la muestra lo conducen unas cortinas que representan el laberinto que supone la sociedad de la información

Las performances ofrecen experiencias que intensifican algunas de las cuestiones tratadas en la muestra. GIRLISONFIRE investiga los estados de agotamiento y resistencia, la estimulación constante y el solapamiento de realidades o líneas temporales y lo representa mediante una instalación de andamios que los artistas recorren cantando simulando el esfuerzo disfrazado de entretenimiento de esta sociedad. Forman también parte del programa de performances los artistas M Reme Silvestre, Rabih Mroué, Pedro Barateiro, Evan Ifekoya, Teatro Praga, Pakui Hardware y, el recientemente ganador del Frieze Artist Award, Alex Baczynski-Jenkins

La Casa Encendida ha confeccionado también un libro que recoge los textos de Paul B. Preciado, Erika Balsom, Holly Childs, Jonathan Crary, Sonia Fernández Pan, Jussi Parikka y Flaviu Rogojan, que entran en diálogo con las imágenes del universo de la exposición y del programa de performances

Ahogarse en un mar de datos analiza el actual estado generalizado de ansiedad y desorientación de la sociedad. Los cambios que se han producido en los últimos años debido al desarrollo de las tecnologías de la información aún no se alcanzan a comprender a fondo y la inestabilidad se ha convertido en una característica distintiva de nuestro tiempo. Este contexto líquido, individualmente transparente y sistémicamente opaco, que alimenta, cautiva y capta la atención para generar beneficios, se traduce en sentimientos de angustia e inquietud que a menudo se materializan en actitudes adictivas, alienadas, nihilistas o paranoides. Al definir la subjetividad como una postura integrada en la colectividad, el presente proyecto refleja diversas perspectivas que ponen de relieve las disonancias actuales, imaginando formas alternativas de llegar a ser.

Ahogarse en un mar de datos se desarrolla en tres niveles paralelos e interconectados: como exposición, como programa de performances y como publicación:

Exposición

La exposición, que crea una experiencia fluida y polifónica, analiza cuestiones como el impacto y la supervivencia de los esquemas de la Guerra Fría en la infraestructura de la tecnología digital (Emma Charles); la influencia de los algoritmos y la programación en los entornos sociales (en varios artistas pero de una forma directa en Clemens von Wedemeyer); las dicotomías de confinamiento y libertad (Joanna Piotrowska); los patrones de dependencia y las interpretaciones paranoides de la realidad surgidos de una incesante interacción con la tecnología (Tomasz Kowalski y Sofía Reyes); las condiciones concretas e inmateriales en las que circulan los cuerpos (June Crespo y M Reme Silvestre); la acción reguladora combinada de la imagen, el lenguaje y el sonido (Pedro Barateiro y James Richards & Leslie Thornton); el carácter efímero de las funciones y los significados asignados a las cosas (Nicolas Lamas); la auralidad como medio para superar los modos de expresión y representación dominantes (Evan Ifekoya); la asociación y la poesía como vías para especular con nuevas formas de comunicación (James Richards); los procesos físicos, biológicos y económicos como metabolismos (Pakui Hardware); y la tecnología como fuerza animista compartida por humanos y no humanos (Korakrit Arunanondchai).

Performances

Las performances ofrecen experiencias que intensifican algunas de estas cuestiones. Rabih Mroué analiza cuestiones como la política inherente a las imágenes en movimiento obtenidas en Internet; Pedro Barateiro proyecta un estado entre lo humano y la máquina, envuelto en diversos sonidos que evocan composiciones de ambiente, manifestaciones políticas y eventos con alfombra roja; Evan Ifekoya explora el océano como archivo, la meditación y el eco como encuentro afectivo en el contexto de la negritud, la sociabilidad y la herencia, todo ello difractado a través del prisma de la vida nocturna y el trauma queer; Teatro Praga propone la subjetividad, la comunidad, la política y las luchas como estructuras de código abierto que incluyen agendas ecológicas y queer; Alex Baczynski-Jenkins examina la política queer a través del deseo, la intimidad y el amor, materializando una mediación coreográfica entre el afecto, el deseo, la distracción y la pérdida. Y, por último, Pakui Hardware guía a los espectadores por los caminos de la medicina regeneradora, el biocapitalismo, el chamanismo y las criaturas marinas inmortales. Esta última performance tendrá lugar el 18 de mayo y también formará parte del programa del festival Gelatina.

La publicación

La publicación reúne textos de Paul B. Preciado, Erika Balsom, Holly Childs, Jonathan Crary, Sonia Fernández Pan, Jussi Parikka y Flaviu Rogojan, que entran en diálogo con imágenes del universo de la exposición y del programa de performances. En este sentido, funciona como un mapa y como una extensión de la constelación del proyecto. La publicación abre con las especulaciones de Jussi Parikka sobre cómo la imagen del futuro debería trascender la visualidad y desarrollar un campo de representación ampliado que incluya capas de percepción no visibles y táctiles. El texto de Erika Balsom describe el potencial de las imágenes en movimiento como forma de oposición al actual escepticismo relativista y de la posverdad y defiende el documental como la herramienta visual más adecuada para analizar el mundo. Jonathan Crary estudia cómo, en el contexto actual de la dependencia de las interfaces digitales, el ojo humano se ha convertido en foco de estudio y de recopilación de datos. El texto de Flaviu Rogojan, que ocupa el centro del libro, intercala los códigos de diversos cheats, o trampas, de juegos digitales, citando en clave de humor el libre flujo y la estructura abstracta codificada de la tecnología digital y del valor económico. A continuación, le seguirá el régimen “farmacopornográfico” de Paul B. Preciado, en el que la subjetividad sexual está gobernada por procesos biomoleculares (farmaco-) y semiótico-técnicos (-pornográfico). Sonia Fernández Pan explora la agencia corporal y simbólica de la música tecno, presentada como una posibilidad de resistencia frente a la hiperconectividad, la representación y el control, además de como un medio de apertura a lo accidental y la otredad. Por último, Holly Childs presenta un uso ampliado del confeti como agente-entidad-imagen-objeto que incluye y combina diversas cuestiones abordadas en la publicación, como la fragmentación, la programación, la biología y el ADN, el lenguaje, la moda, la economía y los regímenes representacionales pixelados.