Entre 1977 y 1980 Cindy Sherman (Nueva Jersey, 1954),  artista, fotógrafa, directora de cine estadounidense, se embarca en uno de sus proyectos más ambiciosos y estimulantes: Untitled film stills, que recupera en blanco y negro la estética del cine de serie B a través de cuadros de películas de ficción que todos tenemos alojadas en nuestro subconsciente. Sherman, se desdobla en prototipos femeninos que recorren la sociedad contemporánea, fiel a su idea de la fotografía como puesta en escena, donde oculta su verdadera identidad. El “ojo implacable” de la soledad que nos persigue, del que habla el ensayista mejicano Mauricio Montiel, hace que las fotos de Sherman, sean especialmente perturbadoras, como si las mujeres que usurpan su rostro sean mecanismos paranoicos forzados a habitar una ciudad de pesadilla y a encarnar, en palabras del crítico Edward Danto, a la chica en problemas que aún no lo sabe.

Cindy Sherman es una de las fotógrafas más admiradas del siglo XX. A pesar de que la mayoría de sus fotografías son imágenes de ella, sin embargo, estas fotografías se alejan del autorretrato habitual. Sherman se utiliza a sí misma para representar una variedad de temas del mundo moderno: el papel de la mujer, el papel del artista y muchos más. A través de una serie de diferentes obras, Sherman ha planteado difíciles e importantes preguntas sobre el papel y la representación de las mujeres en la sociedad, los medios de comunicación y la naturaleza del arte.

                En Untitled Film Stills escenifica situaciones con vestuario para dar a las fotografías la apariencia de un fotograma cinematográfico, usando estética y planos propios del cine negro. Sus Untitled Film Stills, son, tal vez uno de sus trabajos más conocidos de su obra. Sherman se pone a sí misma en el papel de actriz de películas clase B. Sus fotografías muestran personajes construidos con pelucas, sombreros, vestidos, ropa a diferencia de la suya. Estas fotografías pueden confundirse con retratos pero son algo muy diferente. En cada una de estas fotografías, Sherman juega un roll prefabricado: ama de casa, prostituta, la mujer en peligro, la mujer llorosa, la bailarina, la actriz…

La colección de fotogramas de Sherman implica una insubordinación imaginaria de la mujer en una sociedad gobernada por hombres. La artista interpreta a su género de modo que llama la atención sobre el papel subordinado de la mujer, de un  modo que incuba una rabia evidente, destilando un odio contenido que impregna sus fotogramas, como si detrás de la imagen encantadora que adoptó en sus primeros trabajos quisiera vengarse de la acusación de que las mujeres interpretan su femineidad para agradar a los hombres.

La evolución de sus posteriores trabajos la convierten en una de las fotógrafas más interesantes y transgresoras de la última mitad del siglo XX.

 

 

 

 

 

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